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La primera vez que me rompieron el corazón.


   ¿Recuerdas las tardes mirando los autos pasar mientras esperábamos las clases comenzar? Creamos nuestro mundo. Nosotras éramos las protagonistas más graciosas jamás escritas.

Tú eras más grande que yo por unos meses. Nos conocimos en la etapa menos favorecedora del ser humano: la adolescencia. Éramos unas niñas incapaces de comprender cuan grande iba a ser nuestra amistad. 

Aún recuerdo tu cabello caer y tu perfume dulzón y la ropa de moda que tu hermana enviaba de Estados Unidos. Recuerdo tu nariz pequeña y tu piel enrojecida bajo el sol y el polvo de las 2:00pm. Recuerdo las risas y las miradas de envidia que nos echábamos. 

¿Aún llevas tu cabello largo y suelto? Perdón, pero tu cabello es lo que más recuerdo de ti cuando cierro los ojos. Nunca quisiste cortarlo. Tu seguridad venía de ahí, como Rapunzel, tal vez. 

Le he escrito cartas a personas que he conocido hace poco. He dejado que tomen mi mente y fluyan a través de mis dedos. Pero es la primera vez que te escribo a ti.

Cada día te echo un poquito de menos. Claramente aun te recuerdo.

Mucho más atrevida que yo.

Mucho más gruñona que yo.

Mucho más mexicana que yo.

Amabas bailar y pasar tiempo con tu familia. Odiabas a tu padre y las cicatrices que te dejó al irse sin mirar atrás. Eras una gran persona que amaba a su madre con todo el corazón. 

Todos los días te levantabas a las 5:00 a.m. para ayudarle a preparar donas. Uy, aun puedo sentir el azúcar en mi boca y la suavidad del pan en mi lengua.

Sabes, mis papás aún me preguntan por ti como si aun habláramos hasta la madrugada. Antes me dolía pronunciar tu nombre pero ahora se siente lejano, algo que dejé atrás cuando todo era diferente. No te he reemplazado y no creo hacerlo nunca.

Eras una criatura singular y siempre tendrás una pieza de mi vieja yo. 

Como todas relaciones, las cosas nunca fueron color de rosa. No todo fue diversión. 

Tenía 16 cuando mi mundo dio un giro completamente inesperado. Tú decidiste mirar más allá de mí, evitando ver mi dolor y cómo me desangraba frente a los demás. Colapsé y no te vi a mi lado. Ahora entiendo tu ausencia en aquellos tiempos. Yo ni siquiera sabía qué estaba pasando y no esperaba que me comprendieras solo quería tenerte a mi lado y sentirme menos sola.

Fuiste mi primera mejor amiga. Éramos una. Compartimos nuestro primer cigarro, que odiamos. Nuestros silencios eran pacíficos. Disfrutaba estar a tu lado, reír, mirar los atardeceres sentadas en la estatua mientras los demás se emborrachaban. 

Fuimos juntas a nuestra primera fiesta rodeadas de adolescentes sin una pizca de sentido común y música estridente, ellos bailaban mientras nosotras nos burlábamos de ellos.

Recuerdo todo mientras escribo esto.

No planeo olvidarte. Y esa es mi fortuna. Puedo recordarte de diferentes formas. Tu alma de cara al sol, cuando eras realmente tú; graciosa, espontánea y carismática. Y tu alma reservada, oculta tras las espinas de tu jardín; fría e hipócrita con los desconocidos, solo para encajar. Ambas partes las quise y acepté y puedo decir que una me rompió el corazón y la otra me dio los mejores momentos de mi adolescencia.

Esta noche te extraño.

Esta noche pienso en ti.

Esta noche deseo hablarte y darte los abrazos que no te di.

      Esta noche deseo que estés orgullosa de lo que eres y lo que has logrado.

Esta noche brindo por ti y nuestros yos del pasado que eran las mejores amigas.